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Trastornos en la sexualidad de la mujer II

Continuando con la nota Trastornos en la sexualidad de la mujer I les contamos las características de otros desordenes posibles en nuestra sexualidad.

Trastorno en la Excitación:

Durante la excitación sexual se dan una serie de cambios físicos de los cuales las mujeres no siempre son conscientes, como la erección del clítoris, el agrandamiento y apertura de los labios mayores y menores para facilitar el coito, la dilatación vaginal, el aumento de la humedad vulvar y lubricación vaginal, el aumento del volumen mamario, la tumefacción del pezón, la hipersalivación, el aumento del ritmo cardíaco y respiratorio, etc.

Cuando la mujer no logra excitarse es como cuando el varón no logra obtener una erección. Es la incapacidad persistente o recurrente para obtener o mantener estas respuestas ante un estímulo adecuado en tipo, intensidad y duración hasta la terminación de la actividad sexual. Este trastorno generalmente se acompaña de otras disfunciones y colabora en la disminución de la sensación de satisfacción sexual tanto propia como de la pareja.

Trastorno del orgasmo:

Se caracteriza por la ausencia o retraso persistente o recurrente del orgasmo, tras una fase de excitación sexual normal, en el transcurso de una actividad sexual normal. Es importante destacar que las mujeres muestran una amplia variabilidad en el tipo e intensidad de la estimulación que desencadena el orgasmo. Así como también en la frecuencia y calidad del mismo.

Son sinónimos “Anorgasmia” y “Orgasmo femenino inhibido”. La dificultad principal radica en la consecución del clímax. Pueden presentar adecuado deseo sexual, excitación y gran lubricación con vasocongestión genital, sin conseguir el orgasmo.

¿Qué importancia se debe dar al hecho de no tener orgasmos?

Las mujeres no suelen comportarse como los varones, tanto en la consecución del orgasmo como en el valor adjudicado al mismo. Para muchas de ellas llegar al orgasmo no es una condición universal para disfrutar de la relación sexual, así como tampoco es indispensable el coito para que la misma sea satisfactoria.

A diferencia de la preocupación constante del varón ante la ausencia del orgasmo propio o de la compañera, la mujer puede mostrarse indiferente, e incluso experimentar relaciones sexuales intensas y placenteras sin haber nunca conocido la respuesta orgásmica. Muchas veces le resulta difícil hacerle entender al varón que no lo necesita para sentirse satisfecha y plena.

Sin embargo otras se preocupan y angustian convirtiéndose esta disfunción en fuente de ansiedad, frustración y malestar en la relación con su pareja. Incluso la anorgasmia puede ser causa de otras disfunciones sexuales.

Es importante tener presente que a diferencia del orgasmo del varón que es instintivo, el de la mujer es aprendido, por lo tanto es muy frecuente que la mujer no se conozca adecuada y suficientemente como para lograr conquistarlo. Muchas nunca lo han experimentado a solas y tienen la expectativa de lograrlo cuando se inician en las relaciones sexuales, el aprendizaje lleva tiempo, conocimiento y practica.

Dispareunia:

Es sinónimo de coito doloroso. Se caracteriza por el dolor genital persistente o recurrente antes, durante o después de una relación sexual. Puede responder a problemas orgánicos como inflamaciones o infecciones genitales, vaginales o del tracto urinario (vulvitis, vaginitis, uretritis, cistitis), disminución en la producción de estrógenos durante la menopausia lo cual produce adelgazamiento de las paredes vaginales y escasa lubricación, cicatrices dolorosas en la entrada de la vagina, lesiones o traumatismos dolorosos del aparato genital o como consecuencia de tratamientos oncológicos de radioterapia. También se puede experimentar dolor por la fuerte presión sobre la uretra durante el coito, manipulación excesiva, brusca o inadecuada del clítoris, reacciones alérgicas, etc.

Entre las causas psicológicas puede responder a primeras experiencias coitales dolorosas que desarrollaron ansiedad y tensión muscular ante la proximidad del coito, contracción espasmódica del tercio externo vaginal, inadecuada relajación y dilatación, lográndose la penetración pero siendo esta muy molesta.

La mujer puede experimentar diversos grados de dispareunia, desde sensaciones de ardor, irritación, quemazón, hasta dolor cortante, punzante, paralizante y agudo. Generalmente está localizado en la vagina, el orificio vaginal o introito, la horquilla vulvar, y también puede localizarse en el clítoris, los labios mayores y menores, en la región pélvica y el abdomen.

Vaginismo:

Se caracteriza por la contracción espasmódica e involuntaria, recurrente o persistente de la musculatura perivaginal y del tercio externo, que imposibilita la penetración, así como la introducción de cualquier objeto como dedos, tampones o espéculos.

Generalmente el vaginismo es primario, instalándose luego del primer intento de relación sexual. La primera experiencia dolorosa es fuente de un condicionamiento hacia el coito que se mantiene por conductas de evitación y ocasionales intentos de penetración dolorosos y frustrantes. Es causa frecuente de matrimonios no consumados y de infertilidad, con varios años de evolución.

El dolor es referido específicamente al intento de penetración, con sensaciones de presión intensa, de estar “cerradas”, “como si hubiera una pared”, asociado a un alto nivel de ansiedad, tensión muscular y fundamentalmente temor al dolor.

Al examen ginecológico pueden observarse: espasmos involuntarios de los músculos perineales, arqueamiento de la espalda, contracción de los aductores de los muslos y un importante estado de ansiedad y nerviosismo.

Por lo general las relaciones sexuales con la pareja son muy satisfactorias, soliendo ambos desarrollar adecuados niveles de deseo sexual, excitación y orgasmo, con estímulos variados como sexo oral, estimulación manual de genitales, frotamiento genital, etc., relegando cada vez más los intentos de coito. Esta evitación, mantenida en el tiempo suele alimentar en la mujer diversos temores relacionados con el fracaso de la relación, sentimientos de culpa, frustración, humillación, impotencia, sensación de incompletud femenina, que afectan su autoestima y pueden incidir significativamente en otras áreas de su vida.

Todas las disfunciones de la mujer ameritan un enfoque diagnóstico y terapéutico a cargo de un equipo interdisciplinario especializado, que contemple las diversas causas y factores que mantienen el problema, desde los orgánicos, psicológicos y fundamentalmente del vínculo con la pareja. La incorporación y participación activa de ésta juegan un papel preponderante en la evolución del tratamiento.