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Palabras robadas: La vida con un dolor irreversible

Bradley Cooper es un prolífico actor capaz de lograr una gama variada de actuaciones que tanto lo lleva a la comedia como al drama, que tanto le permite ser un buen partner como llevar adelante un protagónico (este año se lo ha visto en nuestras pantallas en “Silver linings playbook” (2012) y en “The hangover III”(2013).

Pero también es un productor con una fina sensibilidad, como lo ha demostrado en “Silver linings playbook”, “Limitless” (2011), en esta exquisita obra que es “The words” y que es el debut como directores de dos guionistas (también guionistas de esta película) que ya habían trabajado juntos libretando “Tron: the legacy” (2010), una propuesta totalmente diferente a esta.

“The words” tiene una trama compleja tanto en las relaciones que establece entre los personajes como en el manejo de los tiempos históricos que se suceden y dialogan una y otra vez, con un ritmo y una precisión que es toda una carta de presentación de estos nuevos directores. En primer lugar está la trama que narra un exitoso escritor que lee una selección de pasajes de su último libro ante una audiencia de críticos y admiradores. Ese libro, cuyo título es “The words” cuenta la historia de un hombre que deseaba ser escritor por sobre todas las cosas, pero no conseguía producir nada que fuera interesante para los editores. Un día, por casualidad, durante la estadía de luna de miel en París su esposa le compra un viejo portafolio de cuero donde descubrirá una copia a máquina de una novela que hará pasar como suya y que lo convertirá en un escritor de renombre. Pero un día recibirá la visita de un anciano, el autor de la novela que el flamante escritor ha plagiado y le contará las circunstancias en que esa obra fue creada. Por supuesto, como bien se logra intuir el famoso escritor está contando su propia historia, lo cual constituye una suerte de secreta confesión.

Vista así la película funciona como un interesante ejercicio narrativo con varias capas donde una contiene a las otras, al estilo de esas coloridas muñecas rusas. Sin embargo esta descripción no hace más que retratar el aspecto más superficial de la película. Tanto, que si uno se queda sólo con esa descripción se queda reducido a melodrama el relato del anciano y el recuerdo de cómo perdió a su hija y a su pareja; y se vuelve incomprensible la secuencia final donde el afamado escritor parece tener una suerte de reacción histérica con una muchacha que, seducida por su renombre, está decidida a seducir y dejarse seducir por el escritor. Dicho de otra manera, a primera vista la película cuenta la historia de un plagio, de las situaciones que llevaron al autor a cometerlo y la manera en que a distintos niveles se producen diversos trazos de faltas éticas.

Pero la película puede ser leída, tal como lo sugiere su misma estructura narrativa, con otro nivel de profundidad. Y es ese nivel menos episódico, menos superficial, más conceptual, el que le da verdadero sentido a ese aparente melodrama y a esa reacción final casi incomprensible. El imprescindible diálogo entre el plagiado y el plagiario no hace más que poner cara a cara dos personajes que no pueden sino reconocerse uno en el otro. Las historias y las situaciones son distintas. Sin embargo ambos comparten un secreto irredimible y en ambos casos consiste en amar más las palabras que a aquellas personas que les permiten sostener en la vida esas palabras. Se trata de dos hombres que valoran más su vocación, su creación (el plagiario no ha dejado de escribir y de ser un buen escritor) que de cuidar los afectos de la vida real. Así el relato aparentemente melodramático del anciano no es más que la puesta en escena, anecdótica, de esa verdad que los hace ser a los dos una suerte de mecanismo roto, poseedores de una oscuridad interna de la que ya nunca podrán escapar. El plagiado no pudo hacerlo nunca y se dedicó a encontrar en la vida un poco de tranquilidad, algo así como un poco de paz. Por su parte, el plagiario descubrirá que deberá reconocer que no es digno de que alguien pretenda enamorarse de él, porque no es todo lo fantástico que parece.

De una u otra manera todas las películas producidas por Bradley Cooper parecen tener como punto en común, protagonistas que no se dan por vencidos, que apuestan a la vida a pesar de todo, pero que deben vivir cargando a cuestas el secreto de una falla, de un dolor, de un quiebre, que deben persistir como muñecos rotos que buscan a toda costa mantenerse en pie.

“Palabras robadas” es una muy buena película que posee un libreto sólido, preciso e inteligente. Además los guionistas logran una dirección que permite llevar adelante eficientemente la historia, sacándole provecho a un elenco de primer nivel que sostiene sin fallas todos los matices actorales que requiere la historia. Es de destacar la labor de la dirección de fotografía que realiza Antonio Calvache, así como el aporte que realiza Michele Laliberte a la producción de arte. La música de Marcelo Zarvos, sin ser especialmente destacada tiene momentos de gran acierto apelando a conjuntos de cuerdas, pero sin violines, lo que le permite reforzar sutilmente la intensidad emotiva de algunos pasajes.

Gonzalo Hernández Sanjorge

Título: Palabras robadas

Título original: The words

Dirección: Brian Klugman, Lee Sternthal

Libreto: Brian Klugman, Lee Sternthal

Con: Dennis Quaid, Bradley Cooper, Jeremy Irons

Origen: USA

 

 

Fuente: Radio UNO digital