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La agresividad en las relaciones interpersonales

La agresividad es una conducta intrínseca del ser humano. El hombre primitivo debió recurrir a la agresividad para perpetuar la especie, para lidiar con otros seres del reino animal, que por su ferocidad, ponían en juego su supervivencia.

Viviendo en sociedad desarrollamos las relaciones interpersonales de manera permanente. Solo se necesitan dos para relacionarse, la interacción recíproca siempre es entre dos o más personas. Lo “humanamente” razonable sería establecer una comunicación pacífica, lazos amigables y respetables con nuestros semejantes. Para lograrlo, parecería que ya no basta con provenir de un hogar amoroso, donde se ha inculcado el respeto y el amor al prójimo, asistir a educación religiosa o laica con valores.

El mundo se ha convertido en una “selva”, donde prevalece la ley del más fuerte. Y aún aquellos que tienen una buena base moral y ética, están expuestos a responder agresivamente cuando se ven amenazados en su vida cotidiana.
Cuando pensamos en la palabra agresividad seguramente se nos venga a la mente la palabra violencia. Hay una estrecha relación entre ambas conductas o patrones, parecería que una está implícita en la otra. Hoy en día vemos agresividad y violencia en todos lados; en la televisión, en el deporte, en el trabajo, en los niños y en las escuelas con el bullying, en la familia, en las parejas, en la calle. Vivimos bombardeados por imágenes de violencia y además convivimos a diario con ella mientras transitamos por la vida.

La agresividad tiene que ver con el entorno familiar y con el entorno social. Una infancia traumática hará surgir un joven problemático. Las probabilidades de que un niño maltratado o marginado se convierta en un joven o adulto violento, es muy grande.

La familia juega un rol fundamental. El amor, el cariño, el respeto, ese “refugio” contra las hostilidades externas, solo pueden obtenerse de quienes nos aman, nos respetan y desean convertirnos en personas de bien.
Este mundo de dualidades extremas, de belleza y fealdad, de paz y de violencia, de amor y odio, de esperanza y desesperanza, de caridad y de egoísmo, de misericordia y de inhumanidad, de trabajo y de ocio, de espiritualidad y descreimiento, es donde se pierden todos aquellos que no logran el equilibrio y se inclinan hacia lo más primitivo del ser humano.

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