Blog Buen comer

El mito de la grasa saturada

Una investigación reciente prueba que el consumo de grasa saturada no se relaciona con la obesidad.

Durante la década de los 70s el fisiólogo americano Ancel Kays realizó un estudio cuyas conclusiones se volvieron incuestionables en el imaginario popular: la grasa saturada era la culpable de la creciente tasa de diabetes y de enfermedades del corazón. En contra de esta idea el fisiólogo británico John Yudkin, culpaba al azúcar por estos males.

En los últimos años la comunidad científica ha respaldado más esta segunda teoría con estudios del azúcar y sus efectos en el cuerpo. Algunas conclusiones señalan que a la comida reducida en grasas se le añade demasiado azúcar para compensar la pérdida de gusto y textura.  Con el paso del tiempo, esto afecta la salud de las personas.

El cardiólogo británico Aseem Malhotra se adhiere a ésta idea. Además, sostiene que la grasa saturada, al menos en las comidas no procesadas, no es dañina para el organismo, sin embargo, el azúcar sí lo es. Malhotra recomienda a sus pacientes el consumo de manteca en lugar de productos como la margarina baja en grasas. Para él, el problema de la mala nutrición no está en la grasa, sino en los alimentos altamente procesados.

Las ideas del especialista son respaldadas por una reciente investigación realizada por el American Journal of Clinical Nutrition. De acuerdo con este organismo, al contrario de lo que se suele creer, no hay evidencia convincente de que la grasa saturada cause enfermedades cardiovasculares.

En oposición al razonamiento intuitivo, no existen pruebas de que la grasa saturada engorde. Es más, no hay una molécula de evidencia de que el consumo de grasas saturadas cause obesidad. Sí, es cierto que las grasas sacian el apetito con eficacia, pero es precisamente esto lo que puede evitar comer en exceso.

Lo cierto es que las grasas saturadas, a diferencia de las trans, están presentes en nuestro organismo y cumplen funciones de gran importancia. Las membranas celulares están compuestas por grasas saturadas, las cuales son necesarias para producir ciertas hormonas. Además, estas grasas poseen vitaminas esenciales y son vitales para la absorción de minerales y muchos otros procesos biológicos.

Así que no hay que temerle tanto a los productos que contienen grasas saturadas, aunque siempre es bueno recordar que nada en exceso es bueno para el organismo