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El boom de las 50 sombras de Grey: una oportunidad para hablar de sexo con nuestros hijos.

Si aún no te has atrevido a hablar de sexualidad con tus hijo/as o a profundizar en ciertos temas, esperando a que pregunte, a que esté más maduro/a para que pueda comprenderlo, o a que tú puedas encontrar el mejor momento o las palabras adecuadas, es hora de dar el paso y abrir el espacio.

Repasando…

Cincuenta sombras de Grey (Fifty Shades of Grey) es una novela erótica británica, relatada en una trilogía que describe la relación romántica y sexual entre una inocente e inexperta joven universitaria y un millonario y exitoso hombre de negocios con un pasado perturbador. Se destaca por su contenido sexual explícito en el entorno de prácticas sexuales poco convencionales que involucran el BDSM (bondage/disciplina, dominación/sumisión, sadismo/masoquismo).

 

Las críticas más populares

Giran entorno a lo que ha provocado las multimillonarias ventas, y a lo alarmante y negativo de la normalización y naturalización de las prácticas sadomasoquistas en las relaciones sexuales. La mayoría de los seguidores de esta trilogía ven en la novela una relación romántica, basada más en lo sentimental que en el sexo. Millones de mujeres se han atrevido a tomar contacto con material sexual explícito, derribando vergüenzas y tabúes, asumiendo la iniciativa de bajar el contenido del libro en Internet, comprarlo, leerlo, prestarlo, recomendarlo, discutirlo. No existía hasta el momento prácticamente material sexual explícito para mujeres, ya que lo que abunda es la pornografía, realizada por varones para varones, donde la mujer asume un rol pasivo irreal, siendo objeto de placer sexual incondicional, con prácticas que muchas encuentran agresivas, inmorales y que atentan contra su sensibilidad, su libertad y la igualdad entre los géneros. En esta saga, si bien las prácticas sexuales también la colocan en un rol de sumisión frente al hombre, muchas mujeres prefieren rescatar las fantasías y deseos sexuales que les generan, aunque sea algo momentáneo, lo cual positivamente contribuye a mejorar la intimidad con sus parejas, lo cual no implica idealizar ni imitar dichas prácticas; encuentran en los relatos estímulos eróticos que generan el motor de la excitación.

Sin embargo, la otra cara, preocupante y menos ingenua, pone el énfasis en el análisis de la relación de la pareja basada en el sexo y no en el amor, idealizando la violencia sexual y el abuso emocional de la mujer. La lectura del libro o ver la película, desde un lugar en que se considere que las relaciones sexuales para ser exitosas deben incorporar el sadomasoquismo, tendría un efecto negativo, buscar experimentar nuevas sensaciones, salir de la rutina, enriquecer la sexualidad, mejorar la relación de pareja, o hasta profundizar el vínculo amoroso a través de estas prácticas, sin tener el pleno y profundo conocimiento de la propia sexualidad y del otro, sería un error, una falsa expectativa basada en una contenido idealista y fantasioso. La sexualidad puede ser plena, rica y satisfactoria, basándose en prácticas sexuales asentadas sobre aspectos humanos claves, como un vínculo donde ambos integrantes se comunican en función del respeto, la igualdad entre los géneros, la experiencia, el autoconocimiento y el conocimiento profundo del otro.

 

Preparando a nuestros hijos: la educación sexual continua es el camino

Pero no podemos estar ajenos a que todos los estímulos sexuales que reciben nuestros adolescentes están formando parte de su educación sexual, sea formal o informal, en los liceos, en la calle, entre los grupos de pares, y a través de toda la información virtual, hasta por exceso, a la que pueden acceder con o sin nuestro consentimiento. Se educa en sexualidad de muchas formas, incluso con el silencio, con lo que no se puede mirar, escuchar o decir, y sobre todo con el ejemplo. Entonces no podemos postergar y continuar esperando la pregunta, la duda que nos planteen. Hay que prepararlos para pensar, para analizar el sexo, con libertad y derecho al placer (no hay que tenerle miedo a la palabra y a dar libertad) pero también verlo en toda su dimensión, con responsabilidad y compromiso, aunque se trate de “sexo casual”, a identificar lo que desean y lo que no, lo que necesitan y lo que no, a respetar y a ser respetados, a saber acerca de lo diferente, lo diverso, también en lo sexual, a protegerse y a cuidar del otro, a poner y ponerse límites, a escuchar su propio cuerpo y el del otro, a ponerse en el lugar del otro, a comunicarse con respeto, información y comprensión, a conocer entonces sus derechos, y sobre todo a ser sensibles y asertivos en sexualidad.

 

Ayudarlos a ser críticos

Si tienen estas cosas lo suficientemente claras no se traumatizarán por leer el libro o ver la película, podrán diferenciar que el hombre ideal no tiene pro qué ser el príncipe azul, atractivo, exitoso y millonario, que es solo una fantasía, que si alguien los quiere no intentará convencerlos de hacer cosas incómodas para su propia gratificación, le importará que su pareja disfrute y se esforzará en ello, no intentará manipular con regalos costosos, ni intentará maltratar o humillar prometiendo goce sexual o mayor amor. Sabrán que no está bien dejarse intimidar, controlar o abusar psicológicamente como lo hace el galán de la película, por mucho que explique su sufrimiento del pasado; ni que con todo el amor del mundo que le demos lo va a superar, tendrá que pedir ayuda a un terapeuta. Lo que suceda en una relación sexual debe ser con consentimiento de ambos, pero donde exista una conexión real y no por complacer al otro en detrimento del sufrimiento propio, y menos por la fuerza o en estado de vulnerabilidad por la embriaguez.

 

A no entrar en pánico

Recordemos que la sexualidad no se forma desde la adolescencia, ni a partir de ver una película o leer un libro, somos seres sexuales desde que nacemos, y vamos transitando por un proceso de desarrollo psicosexual imbuido por experiencias y mensajes que vamos recibiendo de nuestra familia y nuestro entorno. La sensación de placer sexual se irá asociando y reforzando, madurando, asociado a ese proceso, dependerá del tipo de contacto que haya recibido la persona a lo largo de su vida, que puede ser desde un trato suave y sano hasta uno que implique violencia, física o psicológica.

Entonces frente a esta obra, no de arte por cierto, podemos posicionarnos en relación a nuestros hijos desde una educación sexual en valores, intentando fortalecerlos para que puedan elegir, incluso si ver o no la película o leer el libro, y luego sacar ellos mismos las conclusiones, o conversarlo, analizarlo, debatirlo en familia. No se tratará de prohibirles que lo hagan, lo harán por simple curiosidad, porque está de moda, porque una amigo/a la vio, etc.

 

Los padres somos educadores sexuales

Por lo tanto y resumiendo, somos responsables de la sexualidad de nuestros hijos y protagonistas del camino que recorran y elijan. No es para sentirnos culpables sino comprometidos en ser parte de la educación y preparación integral de nuestros hijos. El diálogo debe ser continuo, también dependiendo de las características de cada hijo/a, no implicará siempre hablar, sino habilitar, informar por diferentes vías, escuchar, responder adecuadamente y sin miedos, prejuicios y tabúes, hacerles saber que siempre estaremos listos para cuando necesiten ayuda o un consejo, y sobretodo recordar que educamos modelando con el ejemplo.

 

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