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Adolescencia

La adolescencia es ese estado en el que uno puede sentirse en limbo, porque ya no se es niño/niña, pero tampoco se es adulto.

La adolescencia implica cambios físicos y emocionales para los propios adolescentes y también cambios en la organización y relaciones familiares. Hay distintas etapas en la adolescencia y cada una trae consigo sus peculiaridades particulares.

Los adolescentes experimentan sensaciones aparentemente opuestas de total rabia, o de felicidad desmesurada, de amor o de odio… a veces ambas en cuestión de horas.

No comprenden por que se les quiere “controlar”, quieren mas independencia, no entienden por que sus padres se irritan con tanta felicidad, a veces se sienten los dueños del mundo, y otras veces les invade la inseguridad. Adolescentes que se sienten orgullosos, u horrorizados, por los cambios físicos de la pubertad. Adolescentes que les cuesta concentrarse, que se aburren con facilidad, que desafían al establishment, sea la familia o sea el colegio, con tal de desafiarse.

Y padres que a veces sienten como si no conociesen este “nuevo” miembro de su familia. Que añoran al nin@ de antes. Que no saben, o no quieren, apoyar al adolescente en su deseo de tener mayor independencia.

Padres que temen perder el control de la situación, temen el mundo de las drogas y el alcohol, no comparten los nuevos valores de sus hijos adolescentes y necesitan aprender como negociar unas normas que sean aceptables para todos los implicados.

Los nudos de los paradigmas: de una perspectiva de problema a una perspectiva de desarrollo

Viejo paradigma:

– Aborda la adolescencia exclusivamente desde la problemática (por ejemplo: embarazo adolescente, abuso de drogas o alcohol, violencia, suicidio).
– Se centra en la conducta de riesgo —conducta que pone en peligro la vida— como una enfermedad que demanda tratamiento (atención y prevención).
– Ignora los atributos positivos y fortalezas de los adolescentes, impidiendo su desarrollo.

Nuevo paradigma:

– Promueve el desarrollo integral y la participación adolescente.
– Desarrolla las aptitudes personales y da cabida a las contribuciones de los adolescentes.
– Tiene en cuenta la diversidad de conductas y la heterogeneidad adolescente.
– Apuesta por los factores de desarrollo positivo mientras se van reduciendo los factores de riesgo (aquellos que inciden en la vulnerabilidad de los adolescentes).

En vez de centrarse en un particular aspecto de la vida de los adolescentes, esta nueva visión los concibe como personas plenas. Esto implica que los reconozcamos como hombres y mujeres jóvenes capaces, y no que los limitemos solo a las aptitudes, conductas y conocimientos que nosotros queremos que adopten.

En definitiva, ya no se hace énfasis en sus problemas sino en su potencial. Y los alcances de esta incipiente apuesta son prometedores.
Los nudos de los paradigmas: de una perspectiva de problema a una perspectiva de desarrollo

Factores de desarrollo positivo:

– Relaciones respetuosas y de colaboración con adultos y con adolescentes (afectividad).
– Limites claros (regulación).
– Oportunidades para expresarse y para explorar su identidad (autoexpresión).
– Oportunidades para la participación efectiva y para sus contribuciones. Para ello, contar con espacios, poder en la toma de decisiones y responsabilidad compartida (participación y contribución).

Aptitudes personales:

– Habilidades para poder cooperar y comunicarse, respetar a los demás y resolver conflictos (competencia social).
– Autonomía, convicción personal y autoestima (control sobre la vida propia).
– Buena disposición, optimismo, motivación y visión positiva del futuro.